LA LECTURA Y LA ESCRITURA (I)

Mucho se ha escrito y dicho sobre “Leer y escribir” o sobre “La lectura y la escritura”, pero si una tiene la impresión de que en relación a escribir todo puede estar hablado y escrito -rescribimos las experiencias y la historia-  y sobre porqué escribimos, sí estoy convencida que no está todo hecho en el tema de la lectura, en intentar que ésta realmente sea algo lúdico, a la vez que didáctico.

Precisamente la cita de G. Papini “Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a  veces, leo para olvidar” me hizo recordar la distinción rotunda  que hizo Ezra Pound sobre los libros. Decía el autor que hay dos tipos de lecturas: “los libros que se leen para que el hombre desarrolle su propia capacidad, para saber más y percibir más y con mayor rapidez que antes de leerlos y aquellos libros que se han escrito para servir de reposo, droga, opiáceos, lechos mentales. Nadie se echa a dormir sobre un martillo o un cortacésped, ni tampoco se pone a clavar un clavo a golpes de colchón”. Me parece una división de libros excesivamente radical, pero el problema actual es que -en líneas generales- no se lee ni para aprender ni para entretenerse. Algunos jóvenes, está visto que para lo segundo eligen otras actividades mucho menos lúdicas para la mente y más peligrosas para la salud, propia y ajenas. ¡Pero hay quien me dirá que “no hay que exagerar”!.

Siempre he mantenido que para ser un buen escritor-a hay que ser ante todo un buen lector-a. Leer cultiva el pensamiento, la mente y ¡hasta el alma! -diría alguno-. La lectura debe ser heterogénea, distintos géneros, estilos y autores porque esto aumentará nuestra capacidad intelectual, de léxico y con los años, nos ayudará a  exponer mejor nuestros sentimientos, experiencias y el mundo que nos rodea, si hemos obtenido una mayor capacidad de expresión, de retórica y de comprensión.

Harold Bloom dijo: “Leer bien hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes puedan llegar a serlo. La invención literaria es alteridad”.

Si uno da credibilidad a las encuestas, éstas son deprimentes, porque demuestran que los índices de lectura en este país son para echar a correr. Pero si nos olvidamos de dichas encuestas, los que estamos en contacto con la cultura, con la literatura, con la juventud, nos damos cuenta de que se ha empobrecido enormemente su léxico, su vocabulario es escueto y es difícil de creer que hayan podido cursar estudios superiores, cuando se ven las faltas de ortografía y gramaticales. Todo ello es signo de que algo no funciona, de que no tienen el hábito de la lectura y todos cuantos hemos fundado o dirigido una revista literaria, sacamos la misma conclusión: la cultura en este país no vende. Si Pablo González de Langarika (fundador de “Zurgai”), Marcelino Arellano (fundador de “Arboleda”), Francisco Mena Cantero (coofundador de “Cal”) y podría citar a otros muchos editores-escritores, incluida yo misma,. nos hubiéramos dedicado a editar revistas del corazón o del motor, seguramente no tendríamos los quebraderos de cabeza anuales -en algunos casos- para seguir subsistiendo de las subvenciones, y eso en el supuesto de poder obtener éstas.

Entiendo que los libros son caros -otro aspecto importante- aun cuando por ley no debieran de subir el precio de los libros de texto, al menos creo, en tres años; sin embargo, las bibliotecas funcionan bien, uno puede leer y disfrutar de la alteridad sintiéndose Peter Pan, Dorian Gray o el mismo Don Quijote ¡por qué no! acudiendo a la biblioteca de su pueblo o ciudad sin costo añadido alguno. En los centros educacionales se debiera intentar hacer de la lectura, no una asignatura obligada y pesada, ¡un tostonazo vaya!, sino una actividad lúdica. Las instituciones también debieran de poner su granito de arena, para que la juventud actual, posibles gobernantes de este país en un futuro, conocieran mejor quién fue Fernando de Rojas, Rosalía de Castro, Hemingway o Shakespeare; quién escribió “Fuenteovejuna” o “La  tía Tula”, por ejemplo. Esto referente a la Literatura, lo que hago extensible a otras materias.

En la TV pasa lo mismo, ¡es imposible ver un buen programa cultural a una hora lógica!. Todos los programas -que no sean del corazón- se deben de ver a horas de lo más intempestivas. Está visto -vuelvo a repetir- que algo no funciona, no marcha bien en este tren que va tan rápido, donde impera el “Todo y pronto” y el “Todo vale” para ser famoso y salir del anonimato.

No trato de hacer un artículo demagogo, puesto que como fundadora de una revista intento dar oportunidad a escritores-as noveles, ¡que es lo justo!, y que los lectores disfruten de las páginas de “Alborada-Goizaldia”, pero al igual que en la psique humana tiene vital importancia la niñez, las primeras lecturas son también importantísimas en el bagaje cultural de una persona. ¡Es algo a tener hoy día muy en cuenta! y sería recomendable que los gobiernos y sus gobernantes se mentalizaran que en la vida de un pueblo, de un país, interviene enormemente la cultura.

Acabo con una frase de Elvia Ardalani, escritora mexicana y profesora en una universidad estadounidense: “quedo completamente convencida de que la literatura es pan de todos, pero especialmente de los que tienen hambre”. “.... me gustaría llevar a mis aulas algo más que un sermón literario: UNA CESTA DE PAN PARA LOS HAMBRIENTOS”.