PERFIDIA

Según iba avanzando hacia su destino apareció un cuervo. ¡Al menos tendría compañía!

Desde pequeño le habían dicho: “tienes el corazón muy negro”. Él no fue consciente del alcance de aquellas palabras hasta años después.

Sólo por momentos era capaz de recordar pequeñas escenas que no tenían conexión: un sol radiante, un niño bajando de un automóvil, su hermano cayendo  desde el campanario y él detrás,  estático, sin hacer nada.

De repente sintió mucha sed, una sed despiadada como la intranquilidad de su alma y, como si de un milagro se tratara, recordó que  odiaba en exceso a su hermano.